
Muchas veces se ha imaginado cómo podrían ser nuestros hacedores. En este caso, son seres capaces de moverse por dimensiones que no alcanzamos a concebir.
Se narra en esta novela cómo crearon nuestro universo y cómo jugaron con nosotros, hasta el día en que advirtieron que la sola existencia de unas criaturas mortales les cambiaría para siempre.
Esta es una historia sin nombres, sin lugares y sin descripciones, pues tan solo diálogo y pensamiento tienen lugar en una situación que resulta difícil de imaginar desde nuestro punto de vista.
Fecha de publicación: septiembre del 2009 (primera publicación en 2015).
Páginas: 136 (tapa blanda) / 117 (tapa dura).
Tapa blanda
Tapa dura
Edición digital
Más información:
El primer capítulo nació en el 2012, como un medio para intentar explicar las sensaciones que experimenta un autor cuando crea una historia a partir de la nada. En cierto, modo, es como crear un universo entero (de forma limitada, por supuesto).
Sin embargo, el orgullo y la plenitud que se siente al crear puede verse fácilmente afectado si dicha creación va dirigida a alguien que no encuentra valor en el proceso o en el resultado.
Escribí otro de los capítulos más adelante, en principio sin pretensión de conectarlos entre sí, ni mucho menos de crear una trama más amplia. Poco a poco, empecé a pensar en estos seres que había imaginado, en cómo interactuaban entre ellos, cómo podían sentirse afectados por la mera existencia de criaturas que ni siquiera consideraban importantes. En realidad no pude dejar de hacerlo, cada vez que terminaba un capítulo pensaba en la posibilidad de hacer otro, y luego otro… hasta que tomé la decisión de unirlos todos.
Sin duda, es la historia más abstracta que he escrito nunca. Tanto es así, que no he pretendido describir lugares ni personajes, ya que, sencillamente, no podían imaginarse. Así pues, es un libro que consta solamente de diálogos.
Los seres humanos (con nuestro peculiar sentido de la pretensión) tendemos a pensar que la realidad es tal y como la percibimos, cuando lo más lógico es pensar que sólo podemos percibir una parte de la misma. Como animales que somos, nuestra función sigue siendo (en esencia) la supervivencia y la perpetuación, de manera que nuestros sentidos nos permiten captar aquellos aspectos de la realidad que nos resultan necesarios para tales tareas.
Así pues, dado que no podemos comprender una realidad que no somos capaces de percibir en su totalidad, en ningún momento he contemplado la posibilidad de molestarme en imaginar cómo podrían ser las dimensiones que no percibimos, ni siquiera cómo podrían ser los seres que las utilizarían con la misma naturalidad que nosotros usamos las nuestras.
Por último, no he podido resistir la tentación de dar una explicación a la idea de un dios único y soberbio (propiedad que considero inherente y no necesariamente negativa, dado que un ser superior que no tiene iguales no puede hacer otra cosa salvo dar fe de sus calidades en todo aquello que hace o que piensa; de otro modo, no sería él mismo).
